Retinol y ácidos en otoño: cómo incorporarlos de nuevo a tu rutina facial
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Con la llegada del otoño es habitual revisar nuestra rutina de cuidado facial. Después de los meses de verano, algunas personas empiezan a notar la piel más apagada, una textura menos uniforme o manchas que parecen haberse hecho más visibles.
Es también el momento en el que vuelven a surgir muchas preguntas sobre determinados activos cosméticos: ¿puedo volver a utilizar retinol?, ¿es un buen momento para introducir ácidos?, ¿puedo combinar ambos?, ¿cómo debería hacerlo?
Más que pensar en el otoño como una fecha concreta para empezar un tratamiento, conviene observar cómo se encuentra la piel y qué necesita realmente.
Activos como el retinol o los alfa-hidroxiácidos pueden tener un papel interesante dentro de una rutina de renovación, pero utilizarlos correctamente es tan importante como elegirlos.
¿Por qué hablamos tanto de retinol y ácidos en otoño?
Durante los meses de mayor exposición solar muchas personas simplifican sus rutinas o reducen el uso de determinados activos renovadores.
Con la llegada del otoño y una menor exposición solar, suele resultar más sencillo reorganizar la rutina e introducir progresivamente ingredientes destinados a mejorar la textura, la luminosidad o la uniformidad de la piel.
Eso no significa, sin embargo, que el protector solar deje de ser necesario.
La fotoprotección sigue siendo una parte fundamental de la rutina durante todo el año, especialmente cuando estamos trabajando sobre manchas o utilizando productos que favorecen la renovación de la superficie cutánea.
¿Qué hacen los alfa-hidroxiácidos en la piel?
Los alfa-hidroxiácidos, conocidos también como AHA, son ingredientes utilizados habitualmente en cosmética por su acción exfoliante.
Uno de los más conocidos es el ácido glicólico.
Su función dentro de una rutina es ayudar a favorecer la eliminación de células acumuladas en la superficie de la piel. Utilizado correctamente, puede contribuir a mejorar progresivamente:
- la textura de la piel;
- el aspecto apagado;
- la luminosidad;
- y la apariencia de un tono poco uniforme.
En DermaSkin utilizamos alfa-hidroxiácidos en diferentes fórmulas. Por ejemplo, el Tónico Facial con Alfa-Hidroxiácidos está orientado a realizar una exfoliación suave y ayudar a mejorar la textura y la luminosidad de la piel.
Dentro de la línea DermaClar encontramos también el Peeling Clarificante 20 % Glicólico, planteado como un paso exfoliante dentro de una rutina orientada a trabajar las irregularidades de pigmentación y favorecer la renovación de la piel.
Pero cuando hablamos de exfoliación, más no siempre significa mejor.
La frecuencia de uso debe adaptarse a la tolerancia de cada piel.
¿Y qué papel tiene el retinol?
El retinol es otro de los ingredientes cosméticos más utilizados cuando queremos trabajar sobre diferentes signos visibles del envejecimiento cutáneo.
Su incorporación a una rutina puede ayudar a favorecer la renovación de la piel y a mejorar progresivamente el aspecto de:
- la textura irregular;
- las líneas visibles;
- la falta de luminosidad;
- y algunos signos asociados al paso del tiempo.
En DermaSkin, el Sérum con Retinol está formulado precisamente para ayudar a promover esa renovación y mejorar el aspecto de la textura y de las líneas.
Pero existe una idea importante que suelo recordar: el retinol no necesita utilizarse todos los días desde el primer momento para ser útil.
Especialmente cuando una persona empieza a utilizarlo o lo reincorpora después de un tiempo, es preferible observar cómo responde la piel y aumentar la frecuencia de manera progresiva.
¿Retinol o ácido glicólico?
Es una pregunta frecuente, pero no existe una respuesta única.
No son dos ingredientes intercambiables y tampoco todas las pieles necesitan utilizar ambos.
Los alfa-hidroxiácidos actúan fundamentalmente mediante la exfoliación de la superficie cutánea, mientras que el retinol se integra dentro de estrategias de renovación más globales.
La elección dependerá de varios factores:
- el estado actual de la piel;
- su sensibilidad;
- los productos que ya forman parte de la rutina;
- el objetivo que queremos trabajar;
- y la tolerancia individual.
En algunas rutinas puede tener sentido utilizar ambos tipos de productos, pero eso no significa que deban aplicarse juntos ni con la misma frecuencia.
El error más habitual: querer renovar demasiado, demasiado rápido
Cuando termina el verano es fácil caer en la tentación de intentar corregir de golpe todo aquello que vemos diferente en la piel.
Añadimos un exfoliante, recuperamos el retinol, incorporamos otro sérum y cambiamos varios productos a la vez.
Y ahí puede empezar el problema.
Una rutina excesivamente intensa puede provocar sensación de tirantez, incomodidad o falta de confort.
Por eso, cuando introducimos productos renovadores, suelo recomendar una idea sencilla: incorporar los cambios de uno en uno.
Así podemos valorar mejor cómo responde la piel y saber qué producto está funcionando bien y cuál puede estar generando intolerancia.
La constancia es mucho más importante que acumular activos.
Una piel deshidratada también puede ser mixta o grasa
Otro error frecuente es centrar toda la rutina de otoño en exfoliar y renovar, olvidando la hidratación.
Una piel deshidratada no es necesariamente una piel seca.
La falta de agua puede aparecer también en pieles mixtas o grasas y manifestarse como:
- tirantez;
- sensación de incomodidad;
- aspecto apagado;
- o menor sensación de elasticidad.
Por eso, cuando incorporamos retinol o ácidos, es especialmente importante mantener una rutina que aporte hidratación y confort.
El ácido hialurónico, por ejemplo, es uno de los ingredientes utilizados habitualmente para aportar hidratación. Dentro de DermaSkin, la línea DermaHydra combina un sérum hidratante con ácido hialurónico y una crema hidratante de día con SPF30+.
No todo en una rutina debe tener una función renovadora.
A veces, simplificar y reforzar la hidratación es exactamente lo que la piel necesita.
¿Se pueden utilizar retinol y ácidos en la misma rutina?
Pueden formar parte de una misma estrategia de cuidado, pero la forma de combinarlos debe adaptarse a cada piel.
Cuando se empieza con este tipo de activos, una opción prudente es alternarlos en diferentes noches, en lugar de utilizarlos simultáneamente.
Por ejemplo:
Noche 1: rutina sencilla + producto con retinol.
Noche 2: hidratación y descanso de activos renovadores.
Noche 3: producto exfoliante, si la piel lo tolera.
Noche 4: hidratación y recuperación.
No es una pauta universal ni tiene por qué ser la adecuada para todas las personas. Es simplemente una manera de entender algo esencial: la piel también necesita tiempo para adaptarse.
Cuando existe sensibilidad, irritación persistente o alguna patología dermatológica, conviene consultar antes de incorporar nuevos activos.
¿Y por la mañana?
La mañana debería centrarse fundamentalmente en proteger la piel.
Una rutina sencilla puede incluir:
1. Limpieza suave
Para retirar restos de productos y preparar la piel para los siguientes pasos.
2. Antioxidantes
Ingredientes como la vitamina C pueden incorporarse dentro de la rutina de mañana para complementar la protección frente al estrés oxidativo.
3. Hidratación
Adaptada a las necesidades de cada tipo de piel.
4. Fotoprotección
Un paso imprescindible durante todo el año y especialmente importante cuando estamos trabajando manchas o utilizando productos renovadores.
No necesitas cambiar toda tu rutina porque haya cambiado la estación
El otoño puede ser un buen momento para revisar el cuidado de nuestra piel, pero esto no significa que haya que sustituir todos los productos que utilizábamos hasta ahora.
Podemos plantearlo de una manera mucho más sencilla:
¿Cómo está mi piel?
¿Qué quiero mejorar?
¿Qué activo tiene sentido introducir?
¿Lo estoy utilizando con la frecuencia adecuada?
Una buena rutina no es necesariamente la que contiene más productos.
Es la que tiene una lógica, responde a las necesidades de la piel y puede mantenerse de forma constante.
Si después del verano notas la piel más apagada, una textura irregular o quieres volver a trabajar la renovación cutánea, el otoño puede ser un buen momento para revisar tu rutina.
Los alfa-hidroxiácidos pueden ayudar a mejorar la textura y luminosidad mediante la exfoliación.
El retinol puede formar parte de una estrategia destinada a favorecer la renovación y mejorar el aspecto de las líneas y la textura.
Y ambos deben ir acompañados de algo que nunca deberíamos olvidar: hidratación, progresividad y fotoprotección diaria.
Porque cuando hablamos de cuidado de la piel, no se trata de hacer más, sino de elegir mejor.
Dra. Amparo Rodríguez
En Clave Dermatológica