rutina facial post verano

Después del verano, tu piel no necesita empezar de cero

Septiembre tiene algo de nuevo comienzo.

Volvemos al trabajo, a los horarios, al colegio, a las rutinas. Organizamos agendas, retomamos hábitos y, casi sin darnos cuenta, sentimos también la necesidad de “poner en orden” nuestra piel.

Y cada año veo algo parecido en consulta.

Después del verano muchas pacientes llegan con ganas de empezar varias cosas a la vez: un retinoide, algún ácido, vitamina C, un tratamiento para las manchas, una crema nueva...

Mi consejo suele ser bastante más sencillo: no hace falta empezar de cero. Y, sobre todo, no hace falta empezar todo a la vez.

La piel no entiende de septiembre

Durante el verano cambian muchas cosas.

Pasamos más horas al aire libre, aumenta nuestra exposición solar, viajamos, modificamos horarios, dormimos de otra manera y muchas veces simplificamos también nuestra rutina de cuidado facial.

Eso no significa necesariamente que en septiembre tengamos que “reparar” la piel.

La piel no entiende de meses ni de calendarios.

Entiende de estímulos.

Y lo primero que deberíamos hacer al volver a nuestra rutina habitual no es preguntarnos qué producto nuevo necesitamos.

Deberíamos preguntarnos: ¿cómo está mi piel ahora?

Antes de tratar, observa

Puede parecer algo muy básico, pero observar la piel es uno de los mejores primeros pasos.

¿La notas más seca? ¿Más sensible? ¿Han aparecido manchas que antes no veías? ¿Tienes más textura? ¿Algún producto que utilizabas sin problema antes del verano ahora te resulta incómodo?

Estas pequeñas señales nos dicen mucho.

Y deberían ayudarnos a decidir qué necesita realmente nuestra rutina.

No siempre necesitamos incorporar un tratamiento nuevo simplemente porque haya cambiado la estación.

A veces necesitamos exactamente lo contrario: simplificar durante unos días y recuperar el equilibrio.

Volver primero a los básicos

Cuando una paciente me pregunta por dónde empezar después del verano, suelo revisar tres cosas antes de hablar de activos.

Limpieza

Una limpieza adecuada debe retirar protector solar, maquillaje, contaminación y residuos acumulados durante el día sin dejar la piel incómoda o tirante.

Limpiar más no significa limpiar mejor.

Y una piel que vamos a tratar posteriormente con activos no necesita además una limpieza excesivamente agresiva.

Hidratación

Después de semanas de sol, calor, aire acondicionado, piscinas o agua de mar, es bastante frecuente notar cambios en el confort de la piel.

La hidratación ayuda a mantener una barrera cutánea en buenas condiciones y puede facilitar que después toleremos mejor otros tratamientos.

Fotoprotección

Septiembre no significa que podamos guardar el protector solar.

Aunque las temperaturas empiecen a bajar, seguimos recibiendo radiación ultravioleta.

Y si vamos a incorporar tratamientos para manchas, ácidos o retinoides, la protección solar diaria cobra todavía más importancia.

Son tres pasos muy sencillos.

Pero constituyen una base mucho más importante que cualquier tendencia del momento.

Más activos no significa una mejor rutina

Esta es probablemente una de las ideas que más repito en consulta.

Podemos tener cinco productos excelentes y, aun así, construir una mala rutina.

¿Por qué? Porque la piel tiene un límite de tolerancia.

Cuando introducimos varios activos potentes al mismo tiempo, si aparecen irritación, tirantez, descamación o sensibilidad, será además muy difícil saber cuál de ellos ha causado el problema.

Y muchas veces el resultado termina siendo el mismo: abandonamos toda la rutina.

Por eso prefiero introducir los tratamientos de uno en uno.

Añadimos un producto.

Observamos cómo responde la piel.

Le damos tiempo.

Y solamente después valoramos si necesitamos algo más.

Los tratamientos se introducen, no se acumulan

Septiembre suele ser también el momento en el que muchas personas quieren recuperar ácidos, retinoides o tratamientos más específicos.

Puede ser un buen momento para hacerlo.

Pero progresivamente.

Si llevas semanas sin utilizar un producto, no siempre tiene sentido volver directamente a la misma frecuencia que utilizabas meses atrás.

La tolerancia puede haber cambiado.

Mi recomendación general es sencilla: empieza con menos frecuencia y aumenta según la respuesta de tu piel.

Especialmente cuando hablamos de exfoliantes o tratamientos renovadores.

En dermatología, muchas veces la mejor rutina no es la más intensa.

Es la que somos capaces de mantener durante meses.

¿Y si después del verano han aparecido manchas?

Es una consulta muy frecuente en esta época.

Después de los meses de mayor exposición solar algunas pigmentaciones pueden hacerse más visibles.

Pero antes de empezar cualquier tratamiento despigmentante conviene recordar algo importante: no todas las manchas son iguales.

Una mancha puede tener diferentes causas y no todas se abordan de la misma manera.

Además, cualquier lesión pigmentada nueva, que cambia de aspecto, color, forma o tamaño, debe ser valorada por un dermatólogo antes de intentar tratarla únicamente con cosméticos.

La cosmética puede ser una gran herramienta.

Pero el diagnóstico sigue siendo el primer paso.

En septiembre ya hablamos en profundidad de este tema en “Las manchas no aparecen de un día para otro”, donde explico por qué la pigmentación que vemos hoy puede ser el resultado de estímulos acumulados durante mucho tiempo.

No necesitas una rutina nueva. Necesitas una rutina que tenga sentido

La vuelta a la rutina también puede ser un buen momento para mirar nuestro baño con cierta distancia.

¿Cuántos productos utilizamos realmente?

¿Cuántos compramos porque estaban de moda?

¿Cuántos cumplen la misma función?

¿Y cuántos somos capaces de utilizar con constancia?

No creo especialmente en las rutinas interminables.

Creo mucho más en elegir bien.

Una rutina relativamente sencilla, adaptada a nuestra piel y mantenida en el tiempo puede tener mucho más sentido que una combinación de diez productos que utilizamos de manera irregular.

Mi forma de volver a la rutina después del verano

Si tuviera que resumirlo en unos pocos pasos, serían estos:

1. Observa tu piel antes de cambiar nada.

2. Recupera primero limpieza, hidratación y protección solar.

3. Introduce solamente un activo nuevo cada vez.

4. Aumenta la frecuencia de los tratamientos progresivamente.

5. No confundas irritación con eficacia.

6. Dale tiempo a la piel.

7. Si algo ha cambiado y te preocupa, consúltalo.

Puede parecer menos atractivo que una rutina con muchos pasos.

Pero probablemente sea mucho más útil.

Septiembre también puede significar simplificar

A veces pensamos en empezar de nuevo como añadir cosas.

Yo creo que también puede significar quitar.

Eliminar de la rutina productos que no necesitamos.

Volver a ser constantes con los que sí utilizamos.

Entender mejor nuestra piel.

Y dejar de perseguir resultados inmediatos.

Porque el cuidado de la piel no debería convertirse en otra obligación dentro de una agenda ya llena.

Debería ser un hábito sencillo, comprensible y sostenible.

Y después de muchos años viendo pieles en consulta, cada vez tengo más claro algo: una buena rutina no es la que tiene más productos. Es la que tiene sentido para tu piel y puedes mantener en el tiempo.

 

Dra. Amparo Rodríguez
Dermatóloga y fundadora de AR DermaSkin

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